martes, 21 de julio de 2015

¿Matemáticas jugando?

En la mayoría de ocasiones, ayudar a nuestros hijos con el manejo y práctica de las matemáticas es mucho más fácil de lo que parece. En un sector muy amplio de nuestra sociedad se ha extendido la creencia de que los niños deben jugar solos o con otros niños, e incluso en otro sector más reducido se afirma que a los niños hay que dejarlos jugar libremente sin interferir nunca en sus juegos por ser negativa esta interferencia.

Se ha colocado en esta creencia la idea de ‘interferencia’ como si fuese un hecho cierto que el interactuar con los niños cuando juegan fuese algo que ellos perciben como negativo o que perjudica o limita su desarrollo. Y si bien es incuestionable que el niño ha de poder  jugar libremente para desarrollar su propia creatividad, eso no implica que el hecho de que los padres u otros adultos jueguen en muchas ocasiones con los niños vaya a dañarlos de alguna forma. Al contrario. Para la mayoría, por no decir todos los niños, el que un adulto quiera participar en sus juegos suele ser un privilegio que abrazan con una alegría considerable. Se sienten más tomados en consideración si un adulto quiere jugar con ellos que si ocurre lo contrario. Bien es cierto que lo ideal al jugar con los niños sería que se les dejase participar de forma que también ellos pudiesen conducir el juego como quisieran con nuestra participación como seguidores de sus propuestas. Pero muchas veces nos encontramos con que no quieren conducirlo, sino seguir nuestras propuestas, que les mostremos novedades y un mundo distinto al que puedan imaginar, pues aprenden mucho con la imitación y la observación.



Desde esta perspectiva, jugar con los niños de forma que podamos ofrecerle propuestas que les motiven, es una oportunidad para todos de educar también en habilidades y conocimientos. Observando cómo un adulto bota una pelota con su mano, un niño puede aprender más rápidamente que si lo hace solo. También jugando se puede ayudar a los niños a familiarizarse y dominar las matemáticas con cuestiones que tengan sentido para ellos. A un niño que le gusten los animales le encantará ser el dueño de un establecimiento de mascotas al que llega el adulto a comprar diversos productos para su animal o incluso algún animal de compañía. En otra ocasión les divertirá mucho poder vender al adulto cualquier otro producto, juguetes para sus hijos, comida, etc. Son ocasiones de oro para practicar las matemáticas. Con ayuda de monedas reales, de monedas de juguete, de regletas Montessori  o incluso de piedras, se pueden pasar horas de diversión practicando las sumas, restas al dar el cambio, multiplicaciones al comprar varios productos del mismo precio o incluso divisiones al partir determinados productos en varios trozos para varios clientes.

Incluso las actividades familiares se pueden convertir en un juego si se tiene el ánimo suficiente. El comer en familia es una oportunidad para que el niño pueda hacer un reparto equitativo de los elementos que componen la comida, practicando las divisiones y las multiplicaciones, el concepto de mitad, del doble, etc. Los niños se sentirán más capaces, y con ello con una autoestima más equilibrada, si cuando tienen que utilizar cualquier procedimiento matemático en un futuro no muy lejano, sienten que lo dominan gracias a un proceso que ha sido divertido para ellos.

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