En la
mayoría de ocasiones, ayudar a nuestros hijos con el manejo y práctica de las
matemáticas es mucho más fácil de lo que parece. En un sector muy amplio de
nuestra sociedad se ha extendido la creencia de que los niños deben jugar solos
o con otros niños, e incluso en otro sector más reducido se afirma que a los
niños hay que dejarlos jugar libremente sin interferir nunca en sus juegos por
ser negativa esta interferencia.
Se ha
colocado en esta creencia la idea de ‘interferencia’ como si fuese un hecho
cierto que el interactuar con los niños cuando juegan fuese algo que ellos
perciben como negativo o que perjudica o limita su desarrollo. Y si bien es
incuestionable que el niño ha de poder jugar libremente para desarrollar su propia
creatividad, eso no implica que el hecho de que los padres u otros adultos
jueguen en muchas ocasiones con los niños vaya a dañarlos de alguna forma. Al
contrario. Para la mayoría, por no decir todos los niños, el que un adulto
quiera participar en sus juegos suele ser un privilegio que abrazan con una alegría
considerable. Se sienten más tomados en consideración si un adulto quiere jugar
con ellos que si ocurre lo contrario. Bien es cierto que lo ideal al jugar con
los niños sería que se les dejase participar de forma que también ellos
pudiesen conducir el juego como quisieran con nuestra participación como
seguidores de sus propuestas. Pero muchas veces nos encontramos con que no
quieren conducirlo, sino seguir nuestras propuestas, que les mostremos
novedades y un mundo distinto al que puedan imaginar, pues aprenden mucho con
la imitación y la observación.
Desde
esta perspectiva, jugar con los niños de forma que podamos ofrecerle propuestas
que les motiven, es una oportunidad para todos de educar también en habilidades
y conocimientos. Observando cómo un adulto bota una pelota con su mano, un niño
puede aprender más rápidamente que si lo hace solo. También jugando se puede
ayudar a los niños a familiarizarse y dominar las matemáticas con cuestiones
que tengan sentido para ellos. A un niño que le gusten los animales le
encantará ser el dueño de un establecimiento de mascotas al que llega el adulto
a comprar diversos productos para su animal o incluso algún animal de compañía.
En otra ocasión les divertirá mucho poder vender al adulto cualquier otro
producto, juguetes para sus hijos, comida, etc. Son ocasiones de oro para
practicar las matemáticas. Con ayuda de monedas reales, de monedas de juguete, de
regletas Montessori o incluso de
piedras, se pueden pasar horas de diversión practicando las sumas, restas al
dar el cambio, multiplicaciones al comprar varios productos del mismo precio o
incluso divisiones al partir determinados productos en varios trozos para
varios clientes.


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