domingo, 19 de octubre de 2014
sábado, 27 de septiembre de 2014
Tippi Degré
Cuando vuelvo a ver las fotos de esta niña, sé que ella ha sentido la verdadera felicidad de vivir. Lo contrasto con la idea socialmente aceptada de que los niños, incluso de un año, necesitan socializarse yendo a un edificio cerrado cada día durante muchas horas para estar con otros niños de su edad y me dan ganas de gritar. Creo que por eso se me escapan las lágrimas cada vez que se cruza Tippi en mi camino: por todo lo que no tenemos, por todo lo que nos roban, por todo lo que les robamos a nuestros hijos.
martes, 17 de septiembre de 2013
Escolarización obligatoria y Derecho a la educación
Cada nuevo curso
escolar escucho y leo cómo muchas madres ven sufrir a sus hijos en la vuelta al
colegio. Otras les aconsejan que no se preocupen, que se acabarán adaptando,
que se acostumbrarán, pero no siempre es así, o no sin consecuencias negativas. Existen muchas
familias que económicamente no pueden hacerlo de otra forma para sobrevivir.
Pero otras muchas pueden cuidar y educar a sus hijos y quieren hacerlo, así
como el hijo quedarse con su familia y no tener que asistir obligatoriamente al
colegio a los 6 años y durante diez años más. Algunos niños sufren un verdadero
calvario emocional y psicológico, del que sus padres no saben cómo sacarlos.
Si los niños
tienen derecho a la educación, aún tienen más derecho a permanecer junto a su
familia y recibirla de ella si quieren y pueden. No existe justificación de
ningún tipo para que el Estado obligue a los niños a asistir a un lugar al que
no quieren ir ni a tener que memorizar contenidos prefijados por terceros ni a someterse a otras disciplinas extrañas a su familia, ni
siquiera si es en aras de su educación.
Quisiera compartir este vídeo sobre el
homeschooling:
La elección de estudiar en casa
Ojalá en los
juicios a homeschoolers, todos los que ven el caso pensasen como la jueza Eva Cerón (minuto 00:38).
Nadie
puede obligar a otro a asistir contra su voluntad a un lugar al que no quiere
ir durante 7-8 horas diarias y por un mínimo de 10 años ni a realizar actividades forzadas en él ni a someterse a otras
disciplinas extrañas a las de su hogar o familia si no ha cometido ningún
delito, ni siquiera en aras del derecho a la educación, ni siquiera (o sobre todo)
si es un menor. ¿Qué clase de penitencia para un inocente es ésa?domingo, 25 de agosto de 2013
La educación que tenemos roba a los jóvenes la conciencia, el tiempo y la vida
Hace poco leí un artículo
tan lúcido sobre educación que no quisiera que se perdiese entre los
compartidos a través de un medio u otro de comunicación. Quiero copiarlo aquí
para difundirlo mejor, releerlo de vez en cuando y que sea fácil encontrarlo
cuando quiera compartirlo. No es la primera vez que leo algo de Claudio
Naranjo, siempre me ha gustado, pero esta vez es como si hubiese podido colarse
en mi mente y escribir exactamente lo que pienso:
Entrevista
a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno.
Entrevista
a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno.
28/02/2011
Cuando uno escucha a este
psiquiatra chileno de 75 años da la sensación de estar frente al Jean-Jacques
Rousseau de nuestro tiempo.
Cuenta
que estaba bastante dormido hasta que en los años 60 se fue a vivir a EE.UU.,
allí fue discípulo de Fritz Perls, uno de los grandes terapeutas del siglo XX y
formó parte del equipo del Instituto Esalen en California. Allí tuvo grandes
experiencias en el mundo terapéutico y en el mundo espiritual. Contactó con el
sufismo y se convirtió en uno de los introductores de Eneagrama en occidente.
También bebió del budismo tibetano y el zen.
Claudio
Naranjo ha dedicado su vida a la investigación y a la docencia en Universidades
como Hardvard y Berkeley. Ha fundado el programa SAT, una integración de la
terapia Gestalt, el Eneagrama y la Meditación para enriquecer la formación de
profesores. En este momento está lanzando un aviso muy contundente: o cambiamos
la educación o este mundo se va a pique.
-Dices
que para cambiar el mundo hay que cambiar la educación ¿cuál es la problemática
de la educación y cuál es tu propuesta?
-La
problemática en la educación no es de ninguna manera la que a los educadores
les parece que es. Creen que los estudiantes ya no quieren lo que se les
ofrece. A la gente se le quiere forzar a una educación irrelevante y se
defiende con trastornos de la atención, con desmotivación. Yo pienso que la
educación no está al servicio de la evolución humana sino de la producción o
más bien de la socialización. Esta educación sirve para domesticar a la gente
de generación en generación para que sigan siendo unos corderitos manipulables
por los medios de comunicación. Esto es socialmente un gran daño. Se quiere
usar la educación como una manera de meter en la cabeza de la gente una manera
de ver las cosas que le conviene al sistema, a la burocracia. Nuestra mayor necesidad
es la de una educación para evolucionar, para que la gente sea lo que podría
ser.
La
crisis de la educación no es una crisis más entre las muchas crisis que
tenemos, sino que la educación está en el centro del problema. El mundo está en
una crisis profunda porque no tenemos una educación para la conciencia. Tenemos
una educación que en cierto modo le está robando a la gente su conciencia, su
tiempo y su vida.
El
modelo de desarrollo económico de hoy ha eclipsado el desarrollo de la persona.
-¿Cómo
sería una educación para que seamos seres completos?
-La
educación enseña a la gente a pasar exámenes, no a pensar por si misma. En un
examen no se mide la comprensión, se mide la capacidad de repetir. ¡Es
ridículo, se pierde una cantidad tan grande de energía! En lugar de una
educación para la información, se necesitaría una educación que se ocupe del
aspecto emocional y una educación de la mente profunda. A mi me parece que
estamos presos entre una alternativa idiota, que es la educación laica y una
educación autoritaria que es la educación religiosa tradicional. Está bien
separar Estado e Iglesia pero, por ejemplo en España, han echado por la borda
el espíritu como si religión y espíritu fueran la misma cosa. Necesitamos que
la educación atienda también a la mente profunda.
-¿Cuándo
hablas de espiritualidad y de mente profunda a qué te refieres exactamente?
-Tiene
que ver con la conciencia misma. Tiene que ver con aquella parte de la mente de
la que depende el sentido de la vida. Se está educando a la gente sin ese
sentido. Tampoco es la educación de valores porque la educación de valores es
demasiado retórica e intelectual. Los valores deberían ser cultivados a través
de un proceso de transformación de la persona y esta transformación está muy
lejos de la educación actual.
La
educación también tiene que incluir un aspecto terapéutico. Desarrollarse como
persona no se puede separar del crecimiento emocional. Los jóvenes están muy
dañados afectiva y emocionalmente por el hecho de que el mercado laboral se traga
a los padres y ya no tienen disponibilidad para los hijos. Hay mucha carencia
amorosa y muchos desequilibrios en los niños. No puede aprender
intelectualmente una persona que está dañada emocionalmente.
Lo
terapéutico tiene mucho que ver con devolverle a la persona la libertad, la
espontaneidad y la capacidad de conocer sus propios deseos. El mundo civilizado
es un mundo domesticado y la enseñanza y la crianza son instrumentos de esa
domesticación. Tenemos una civilización enferma, los artistas se dieron cuenta
hace mucho tiempo y ahora cada vez más los pensadores.
-A la
educación parece solo interesarle desarrollar la parte racional de la gente
¿Qué otras cosas podrían desarrollarse?
-Yo
pongo énfasis en que somos seres con tres cerebros: tenemos cabeza (cerebro
intelectual), corazón (cerebro emocional) y tripas (cerebro visceral o
instintivo). La civilización está íntimamente ligada por la toma de poder por
el cerebro racional. Con el momento en que los hombres predominaron en el
dominio político, unos 6000 años atrás, se instaura esto que llamamos
civilización. Y no es solamente el dominio masculino ni el dominio de la razón
sino también de la razón instrumental y práctica, que se asocia con la
tecnología; es este predominio de la razón instrumental sobre el afecto y sobre
la sabiduría instintiva lo que nos tiene tan empobrecidos. La plenitud la puede
vivir sólo una persona que tiene sus tres cerebros en orden y coordinados.
Desde mi punto de vista necesitamos una educación para seres tri-cerebrados. Una
educación que se podría llamar holística o integral. Si vamos a educar a toda
la persona, hemos de tener en cuenta que la persona no es solo razón.
Al
sistema le conviene que uno no esté tanto en contacto consigo mismo ni que
piense por sí mismo. Por mucho que se levante la bandera de la democracia, se
le tiene mucho miedo a que la gente tenga voz y tenga conciencia.
La clase política no está dispuesta a apostar por la educación.
-La
educación nos sumerge en un mar de conceptos que nos separan de la realidad y
nos aprisiona en nuestra propia mente ¿Cómo se puede salir de esa prisión?
-Es
una gran pregunta y es una pregunta necesaria en el mundo educacional. La idea
de que lo conceptual sea una prisión requiere una cierta experiencia de que la
vida es más que eso. Para uno que ya tiene el interés en salir de la prisión de
lo intelectual, es muy importante la disciplina de detener la mente, la
disciplina del silencio, como se practica en todas las tradiciones
espirituales: cristianismo, budismo, yoga, chamanismo… Parar los diálogos
internos en todas las tradiciones de desarrollo humano ha sido visto como algo
muy importante. La persona necesita alimentarse de otra cosa que conceptos. La
educación quiere encerrar a la persona en un lugar donde se la somete a una educación
conceptual forzada, como si no hubiera otra cosa en la vida. Es muy importante,
por ejemplo, la belleza. La capacidad de reverencia, de asombro, de veneración,
de devoción. No tiene que ver necesariamente con una religión o con un sistema
de creencias. Es una parte importante de la vida interior que se está perdiendo
de la misma manera en que se están perdiendo los espacios bellos de la
superficie de la Tierra, a medida que se construye y se urbaniza.
-Precisamente
quería preguntarte tu opinión sobre la crisis ecológica que vivimos.
-Es
una crisis muy evidente, es la amenaza más tangible de todas. Se puede prever
fácilmente que con el calentamiento de la Tierra, con el envenenamiento de los
océanos y otros desastres que están pasando, no vamos a poder sobrevivir tantas
personas como las que somos ahora.
Estamos
viviendo gracias al petróleo y consumimos más recursos de los que la tierra
produce. Es una cuenta atrás. Cuando se nos acabe el combustible será un
desastre para el mundo tecnológico que tenemos.
La
gente a la que llamamos más primitiva como los indígenas tienen una forma de
tratar a la naturaleza que no viene del sentido utilitario. En la ecología como
en la economía y otras cosas, hemos querido prescindir de la conciencia y
funcionar sólo con argumentos racionales y eso nos está llevando al desastre.
La crisis ecológica sólo puede pararse con un cambio de corazón, verdadera
transformación, que sólo la puede dar un proceso educativo. Por eso no tengo
mucha fe ni en las terapias ni en las religiones. Solo una educación holística
podría prevenir el deterioro de la mente y del planeta.
-¿Podríamos
decir que has encontrado un equilibrio en tu vida a esas alturas?
-Yo
diría que cada vez más, aunque no he terminado el viaje. Soy una persona que
tiene mucha satisfacción, la satisfacción de estar ayudando al mundo en el que
estoy. Vivo feliz, si se puede ser feliz en esa situación trágica en la que
estamos todos.
-Desde
tu experiencia, tu trayectoria y tu madurez, ¿cómo procesas el hecho de la
muerte?
-En
todas las tradiciones espirituales se aconseja vivir con la muerte al lado. Hay
que hacerse a esa evidencia de que somos mortales y creo que el que toma la
muerte en serio no será tan vano. No tienes tanto miedo a cosas pequeñas cuando
hay una cosa grande de la cual preocuparte más. Yo creo que la muerte sólo
puede superarla uno que en cierto modo muere antes de morir. Uno tiene que
morir a la parte mortal, a la parte intrascendente. Los que tienen suficiente
tiempo y vocación y que llegan suficientemente lejos en este viaje interior se
encuentran tarde o temprano con su verdadero ser. Y ese ser interior o ese ser
lo que uno es, es algo que no tiene tiempo y que le da a una persona una cierta
paz o un sentido de invulnerabilidad. Estamos muy absortos en nuestra vida
cotidiana, en nuestros pensamientos de alegría, tristeza, etc. No estamos en
nosotros, no estamos atentos a quien somos. Para eso necesitamos estar muy en
sintonía a nuestra experiencia del momento. Esta es la condición humana,
estamos viviendo hacia el pasado y el futuro, el aspecto horizontal de nuestra
vida. Pero poco atentos a la dimensión vertical de nuestra vida, el aspecto más
alto y más profundo, eso es el espíritu y es nuestro ser y la llave para
acceder es el aquí y ahora.
A
veces vamos en busca del ser y a veces nos confundimos en la búsqueda de otras
cosas menos importantes como la gloria.
---------------------------------------------------------
Se puede encontrar aquí en su versión original.
jueves, 7 de marzo de 2013
El tronco marrón y la copa verde
Casi cada día
en que acompaño a mi hija a jugar con cuadernos de actividades para niños tengo
sentimientos encontrados. A ella le gustan, a mí no mucho porque se parecen a
las fichas de preescolar que desmotivan tanto a muchos niños. Le he dado
bastantes vueltas al tema de las fichas y he intentado recordar a nivel
familiar lo que nos producían los cuadernos Rubio en nuestra infancia, que
fueron el precedente de las actuales fichas. Nuestra hija tiene ahora tres años
y medio y desde siempre ha sentido una curiosidad desbordante por todo,
especialmente por los símbolos y el por qué de las cosas. Así, las letras y los
números le han parecido cuestiones interesantísimas. Le gusta contar todo tipo
de objetos, hacer sumas de un dígito y simplemente cantar los números con nosotros. Desde hace mucho reconoce todas
las letras y los números, incluso comprende ya cómo se lee y cómo se componen
palabras, aunque no sepa leer todas las sílabas o escribir todo lo que quiere.
Como eso ha sido así gracias a su único interés y nuestra puesta en sus manos
de las respuestas que ha pedido en todo momento, nos parece que la mejor forma
de seguir manteniendo intacto su entusiasmo por aprender es continuar en la misma
línea.
En nuestras
conversaciones familiares sobre este tema, hemos descubierto que los propios
cuadernos Rubio nos producían de niños sentimientos ambivalentes. Por un lado
eran divertidos, tal vez cuando la novedad y la libertad en su ejecución
acompañaban nuestras horas con ellos. Pero por otro lado eran tediosos, en su
lado repetitivo, en la necesidad de tanta perfección en la ejecución para niños
tan pequeños como requisito para acceder a otro nivel interesante, por las
limitaciones formales que ofrecía y por el tempo que estaba indisolublemente
unido a su ejecución conjunta con otro montón de niños, cada uno con un ritmo
necesariamente diferente.
Conscientes de
todo lo anterior, de momento se ha conseguido que a nuestra hija le siga
pareciendo apasionante realizar actividades relacionadas con abstracciones en
un cuaderno o en unas fichas, gracias a suavizar o eliminar en su ejecución los
requerimientos que las hacían tediosas o aborrecibles en nuestra infancia. Es
decir, las realiza cuando le apetece, no se le pone límite temporal para
realizarlas ni se le corta hasta que no se cansa, se le permite que se salga
fuera del límite de los dibujos cuando se sale y no se le exige que realice las
formas que copia con perfección. Se le
deja que no ejecute las repeticiones que le parezcan aburridas, sólo hace los
ejercicios que le apetece (aunque hasta ahora son casi todos), se le deja que salte a cuadernos de
actividades para más edad si muestra interés (con interesantes sorpresas al
permitirlo) y se le deja que ejecute el ejercicio con total libertad previa
explicación del enunciado. Pero muchas veces ni siquiera quiere que le
expliques qué pone en el enunciado, a veces porque ya ha comprendido el
ejercicio al primer vistazo, a veces porque le apetece realizarlo tal como lo ha
imaginado con ese primer vistazo y le da igual lo que pida el enunciado; nos
dice textualmente que quiere hacerlo como ella quiera, a sabiendas de que no se
le pide eso o se le pide lo contrario en el enunciado.
Me doy
cuenta de cómo ha influido la escolarización en mí por lo que siento cuando le
veo realizar esos ejercicios. Me doy cuenta de que cuando ella dice que quiere
pintar el árbol rojo, no es porque no sepa que el tronco de los árboles suele
ser marrón y la copa verde, sino porque simplemente le apetece pintarlo de rojo.
Sobre todo porque el rojo es su color favorito y lo pintaría todo de rojo:
patos, árboles y nubes, como de hecho suele hacer. Y me doy cuenta de que siento un pellizco imaginando
cómo interpretarían otras personas lo que mi hija hace si tuviesen que
acompañarla con los cuadernos de actividades. ¿Cuántos acompañantes resistirían
a la tentación de decirle que intente no salirse de la línea del dibujo al
pintar, cuántos se resistirían a acompañarle el trazo de las letras agarrándole
su mano aunque ella no lo pida, cuántos insistirían en que el ejercicio pide
que rodee las figuras extrañas, no las semejantes, aunque ella haya dicho que
ya lo sabe pero que quiere rodear las semejantes? Muchas veces sé perfectamente
que ella sabe lo que hay que hacer porque hace justamente todo lo contrario: cuando
se pone en “modo al revés on”, ante una muestra y sus posibles soluciones,
empieza primero señalando todas las incorrectas para acabar señalando la
correcta; y así hasta que se cansa.
Tiene un juego
en el que tiene que poner un osito imantado encima de una de las cuatro
respuestas posibles y, si acierta, el osito sube su brazo con la bandera. Pero
ella lo pone primero en las tres opciones incorrectas y, por último, en la correcta;
en todas las líneas de la tarjeta. Incluso en tarjetas que ya ha hecho otras
veces y se sabía de sobra la respuesta. ¿Cómo
podría interpretarse correctamente si no hubiese una mirada entrenada en saber que
lo hace a propósito aunque sepa la respuesta correcta y un oído entrenado en
escuchar que dice “es que quiero hacer primero todos los No y luego el Sí”? ¿Por
qué hace eso? Porque le apetece cambiar, porque le apetece experimentar,
experimentar los No a sabiendas antes que el Sí, porque le gusta esa libertad,
porque la necesita para un crecimiento sano, porque le gusta explorar todas las
posibilidades, porque le encanta preguntarse siempre el “y si…”: ¿y si contesto
primero todas las respuestas incorrectas y dejo para el final la correcta?, ¿qué
ocurre?, ¿qué siento?
Creo que no tenemos derecho a privar a los niños de la
exploración de esas posibilidades, de esa libertad, de ese auto conformado de
la personalidad y de su forma particular de pensar, de poder experimentar de todas
las formas que se le ocurran. La satisfacción que nuestra hija experimenta
sabiendo que cada vez que obtiene un No del osito imantado, en realidad es un
Sí porque ocurre lo que ella esperaba, el placer que siente jugando así al
cambiar una única respuesta correcta por cuatro respuestas correctas, que se
componen de 3 No y 1 Sí, es mucho mayor porque la respuesta correcta ha estado
todo el tiempo en su interior y no necesita exteriorizarla para sentir
satisfacción o aprobación. Porque en su experimentar no está en modo examen,
sino en modo exploración, porque no actúa para satisfacer a alguien que no sea
ella misma. Eso conecta por contraposición con la falta de satisfacción propia
que se siente cuando la respuesta se da para satisfacer algo o a alguien
externo a nosotros, con la contraposición de sentir que nos están examinando y
sentir la presión de lo que se espera de nosotros. Dejando esa libertad de que
ponga el osito primero en las respuestas incorrectas, se le permite explorarse
y explorar el mundo de forma completa, sin nuestros propios corsés. Aunque den
tentaciones de decir que se tarda más tiempo así, aunque ante el pellizco de la
presión de la mentalidad escolar uno acabe diciendo que se pierde tiempo señalando
primero las respuestas incorrectas, aunque haya entendido el propósito de su
hija antes de hacer toda esta reflexión. Y luego de habérselo dicho, uno
piensa, ¿por qué le he dicho eso?, ¿pero perdiendo tiempo respecto a qué?, ¡si
no tiene que fichar en ninguna oficina, ni hay ninguna sirena que le cortará su
inspiración o pensamientos para salir corriendo al recreo, ni ha de rendir
cuentas a nadie!, ¿es un corsé preventivo porque se teme que si alguna vez ha de examinarse marque primero las respuestas incorrectas?, ¿o
es simplemente que reproducimos la matriz que nos fue inculcada durante toda
nuestra infancia?
Creo que hay que tener especial cuidado en no confundir lo que
los niños expresan con lo que saben, tener especial cuidado en no tener prisa
ni ejercer presión para que aprendan. Por mucho que dejemos que pinten los
árboles del color que quieran, nada en este mundo impedirá que un niño aprenda
que mayoritariamente los árboles tienen el tronco marrón y la copa verde. No
hay nada que temer. Aunque seguramente tendríamos que temer lo contrario, como lo que
ocurre en el cuento El niño, de Helen
E. Buckley:
Un día un niño
pequeño
fue al colegio.
fue al colegio.
Era un niño muy
pequeño
Y el colegio era muy grande
Pero cuando el niño descubrió
Que su clase estaba justo delante de la entrada
Se puso contento
Y el colegio dejó de parecerle tan grande.
Y el colegio era muy grande
Pero cuando el niño descubrió
Que su clase estaba justo delante de la entrada
Se puso contento
Y el colegio dejó de parecerle tan grande.
Una mañana
Después de algún tiempo
La maestra dijo:
“Hoy vamos a dibujar”
“¡Bien!, “pensó el niño
Le encantaba dibujar.
Sabía hacer todo tipo de dibujos:
Leones y tigres,
Gallinas y vacas,
Trenes y barcos-
Y sacó su caja de ceras
Y se puso a dibujar
Pero la maestra exclamó:” ¡espera!
Aún no es hora de empezar”.
Y la maestra esperó hasta que todos estuvieron preparados
“Ahora”, dijo la maestra
“Vamos a dibujas flores”.
“¡Bien!”, pensó el niño
Le encantaba dibujar flores
Y empezó a hacer preciosas flores
Con las ceras de color rosa, naranja y azul.
Pero la maestra dijo “¡Espera!”
Te enseñaré cómo se hace
Y dibujó una flor roja, con el tallo verde.
“Así”, dijo la maestra.
“Ahora ya puedes empezar”.
El niño miró la flor que había hecho la maestra
Le gustaba más la suya
Pero no dijo nada.
Le dio la vuelta al papel
E hizo una flor como la de la maestra.
Era roja, con el tallo verde.
Después de algún tiempo
La maestra dijo:
“Hoy vamos a dibujar”
“¡Bien!, “pensó el niño
Le encantaba dibujar.
Sabía hacer todo tipo de dibujos:
Leones y tigres,
Gallinas y vacas,
Trenes y barcos-
Y sacó su caja de ceras
Y se puso a dibujar
Pero la maestra exclamó:” ¡espera!
Aún no es hora de empezar”.
Y la maestra esperó hasta que todos estuvieron preparados
“Ahora”, dijo la maestra
“Vamos a dibujas flores”.
“¡Bien!”, pensó el niño
Le encantaba dibujar flores
Y empezó a hacer preciosas flores
Con las ceras de color rosa, naranja y azul.
Pero la maestra dijo “¡Espera!”
Te enseñaré cómo se hace
Y dibujó una flor roja, con el tallo verde.
“Así”, dijo la maestra.
“Ahora ya puedes empezar”.
El niño miró la flor que había hecho la maestra
Le gustaba más la suya
Pero no dijo nada.
Le dio la vuelta al papel
E hizo una flor como la de la maestra.
Era roja, con el tallo verde.
Otro día
Justo cuando el niño abría la puerta de clase él solo
La maestra dijo:
“Hoy vamos a trabajar con arcilla”.
“¡Bien !”, pensó el niño
Le gustaba la arcilla.
Sabía hacer todo tipo de cosas con arcilla:
Serpientes y muñecos de nieve
Elefantes y ratones
Coches y camiones.
Así que empezó a estirar y pinchar
Su bola de arcilla.
Pero la maestra dijo: “¡Espera!,
¡No es hora de comenzar!
Y esperó hasta que todos estuvieron preparados.
“Ahora”, dijo la maestra
“Vamos a hacer un plato”.
“¡Bien !” pensó el niño
“Me gustan las platos”.
Así que empezó a modelar unos cuantos
De todos los tamaños y formas.
Pero la maestra dijo:” ¡Espera!”
“Te enseñaré cómo es:”
Y les enseñó a todos a hacer un plato hondo.
“Así”, dijo la maestra.
“Ahora ya podéis empezar”
El niño pequeño miró el plato de la maestra
Y después miró los suyos.
Le gustaban más sus platos,
Pero no dijo nada.
Volvió a amontonar su arcilla para hacer una bola.
E hizo un plato hondo.
Justo cuando el niño abría la puerta de clase él solo
La maestra dijo:
“Hoy vamos a trabajar con arcilla”.
“¡Bien !”, pensó el niño
Le gustaba la arcilla.
Sabía hacer todo tipo de cosas con arcilla:
Serpientes y muñecos de nieve
Elefantes y ratones
Coches y camiones.
Así que empezó a estirar y pinchar
Su bola de arcilla.
Pero la maestra dijo: “¡Espera!,
¡No es hora de comenzar!
Y esperó hasta que todos estuvieron preparados.
“Ahora”, dijo la maestra
“Vamos a hacer un plato”.
“¡Bien !” pensó el niño
“Me gustan las platos”.
Así que empezó a modelar unos cuantos
De todos los tamaños y formas.
Pero la maestra dijo:” ¡Espera!”
“Te enseñaré cómo es:”
Y les enseñó a todos a hacer un plato hondo.
“Así”, dijo la maestra.
“Ahora ya podéis empezar”
El niño pequeño miró el plato de la maestra
Y después miró los suyos.
Le gustaban más sus platos,
Pero no dijo nada.
Volvió a amontonar su arcilla para hacer una bola.
E hizo un plato hondo.
Y muy pronto
El niño pequeño aprendió a esperar,
Y a observar,
Y a hacer las cosas justo igual que la maestra.
Y muy pronto dejó de hacer las cosas a su manera.
El niño pequeño aprendió a esperar,
Y a observar,
Y a hacer las cosas justo igual que la maestra.
Y muy pronto dejó de hacer las cosas a su manera.
Luego, sucedió
que la familia del niño
Se mudó a otra ciudad
Y el niño tuvo que ir a otra escuela,
Y su clase no estaba en frente de la entrada
Y tenía que subir unas escaleras altas
Y cruzar un largo pasillo
Hasta llegar a su clase.
Allí estaba él el primer día,
Y la maestra dijo:
“Hoy vamos a dibujar”
“¡Bien!”, pensó el niño
Y esperó a que la maestra le dijera
Lo que tenía que hacer.
Pero la maestra no dijo nada.
Sólo caminaba por el aula
hasta que llegó hasta donde estaba el niño.
“¿Es que no quieres dibujar?”le dijo la maestra
“Sí”, dijo el niño.
“¿Qué vamos a hacer?”
“No lo sabré hasta que no lo hagáis.”
“¿Y cómo lo hago?” preguntó el niño
“Pues como tú quieras”, contestó la maestra.
“¿Cualquier color?” preguntó el niño.
“Cualquier color”, contestó la maestra.
“Si todo el mundo hiciera el mismo dibujo,
Y usara los mismos colores,
¿Cómo sabríamos quién hizo qué
Y cuál era cuál ?
“Pues no lo sé,” dijo el niño pequeño.
Y comenzó a dibujar una flor roja,
con el tallo verde.
Se mudó a otra ciudad
Y el niño tuvo que ir a otra escuela,
Y su clase no estaba en frente de la entrada
Y tenía que subir unas escaleras altas
Y cruzar un largo pasillo
Hasta llegar a su clase.
Allí estaba él el primer día,
Y la maestra dijo:
“Hoy vamos a dibujar”
“¡Bien!”, pensó el niño
Y esperó a que la maestra le dijera
Lo que tenía que hacer.
Pero la maestra no dijo nada.
Sólo caminaba por el aula
hasta que llegó hasta donde estaba el niño.
“¿Es que no quieres dibujar?”le dijo la maestra
“Sí”, dijo el niño.
“¿Qué vamos a hacer?”
“No lo sabré hasta que no lo hagáis.”
“¿Y cómo lo hago?” preguntó el niño
“Pues como tú quieras”, contestó la maestra.
“¿Cualquier color?” preguntó el niño.
“Cualquier color”, contestó la maestra.
“Si todo el mundo hiciera el mismo dibujo,
Y usara los mismos colores,
¿Cómo sabríamos quién hizo qué
Y cuál era cuál ?
“Pues no lo sé,” dijo el niño pequeño.
Y comenzó a dibujar una flor roja,
con el tallo verde.
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